¿Debemos o no juzgar ?

En una discusión sobre historia, escuche que “La historia se comprende pero no se juzga”. Esas palabras me taladraron el cerebro por un buen rato, varios días sin dormir para poder conciliar mi posición y mis ansias de juzgar los hechos para poder discernir la moralidad del acto y de ahí el aprendizaje, acto primordial y meta de mi existencia.

Por todos lados nos han dicho que no debemos juzgar a nadie, que ese no es nuestro papel, que no somos nadie para juzgar a una persona. Grave error, debemos juzgar siempre, ejercitar nuestros sentidos para juzgar y juzgar bien, sin este acto no existe la comprensión y el perdón.

Ante la postura cristiana, se lee lo que dijo Jesús en el sermón de la montaña (Mateo 7-1) dijo, “No juzguéis, para que no seáis juzgados.” Por otra parte El también dijo, “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” (Juan 7:24)

Juzgar es un don que tiene el humano, debemos practicar más esta acción para poder conocer sus métodos y ser proeficiente en su arte. Hay sin embargo acciones que no nos competen a nosotros y mas del hecho de que no nos compete juzgar, a lo que no nos compete es a impartir el castigo a esa acción y a eso es a lo que se refieren los grandes pensadores cuando nos dicen que no juzguemos los actos de otras personas.

Es muy importante que diferenciemos entre juzgar el acto y no al actor, esto cambia completamente la situación del juicio. Porque yo puedo juzgar que el acto de “robar” no es correcto, pero,  como no se cuales son la circunstancias por las que la persona se decidió a robar , a esa persona es a quien no puedo juzgar tan a la ligera, se requiere de mayor conocimiento y método para hacerlo.

Sin embargo, ¿cómo es que aprendemos de los errores de otros? Porque juzgamos los actos de otros sin darnos cuenta, el juzgar es algo innato en el ser humano y no debemos quitarnos es habilidad, por el contrario, hay que mejorarla.

Aquí viene otro gran error en el que hemos caído  no queremos señalar a los culpables, no queremos hacer sentir mal a nadie, queremos vivir la vida sin problemas cuando estamos llenos de ellos. Hay que entender que todos somos culpables. Todos nosotros tenemos algo de que avergonzarnos, esa bendita acción de sentirnos incómodos ante nuestras malas acciones, nos permiten junto con la conciencia a tender a ser mejores. ¡Si, yo soy culpable! Así, con arrogancia ante el hecho, dando  la cara a la realidad, es así como podemos sacarnos a nosotros mismos del error. Reconocer primero nuestro error y con ello nuestra culpabilidad, simple y sencillamente eso es el primer paso a la moralidad.

El proceso judicial, implica la exposición de los hechos, el análisis de los mismos, la deliberación del jurado y su veredicto y por último la corrección. Nosotros mismos somos así para cada acción tomada en nuestra vida. Mientras mas exista conocimiento de la causa, más fácil serán los otros pasos, en la Historia, mientras más conocemos sobre ella, más fácil será su análisis. Cuando llegamos a nuestra casa y encontramos que los hijos se están peleando, para poder juzgar adecuadamente e impartir el castigo correctivo requerido al caso, debemos conocer las circunstancias de los hechos.

Cuando herimos al ser amado, debemos analizar nuestros actos para ver por qué razón hemos actuado de esa forma, debemos entender que fue lo que motivó el acto injurioso primero. Cuando hemos cometido cualquier error, debemos conocer el error, asociarnos con él, ver cada parte del error, entenderlo, ver por qué ese error es fácil de caer en él, dormir con ese error en la mente y ya que se conoce se sabe también como acabar con él. Si no conocemos los hechos podemos caer en una decisión equivocada, de ahí la importancia del conocimiento y todos los pormenores del incidente.

El análisis requiere también método: mente clara, libre de emociones y una ansia del saber. Este conocimiento nos lleva a una mejor decisión en la solución. Esta solución lleva a un premio si lo que estamos juzgando es un acto bueno o en un castigo correctivo si es un acto malo. ¿Por qué decimos que es un castigo cuando la acción es equivocada? Simple y sencillamente porque no entendemos el proceso, pero en realidad es parte de nuestro aprendizaje y no es un castigo sino un acto que requiere esfuerzo para subsanar una deficiencia nuestra. El acto de reprobar matemáticas del hijo requiere por parte del padre el de poner a disponibilidad del culpable un poco mas del tiempo del juez para poder corregir el error, la pena es estudiar y el castigo es no salir a jugar en ese tiempo de estudio. Este es un proceso simple y eficaz  un buen juez toma una acción correcta y de nosotros depende de conmutar la pena de estudiar por ¡el gozo de aprender! Es de sabios conocer que nuestras penas no son tal, nosotros las hacemos penosas, batallamos con nuestro aprendizaje porque no sabemos impartir justicia. Somos malos jueces y malos culpables: ¡no hacemos bien nuestro papel!

Comprender… perdonar… Estas son las acciones que el buen hombre debe ejercitar nos decimos día a día. Y claro que sí, esos son los frutos del hombre, son las acciones que nutren a la humanidad, estos son los actos de la justicia. ¿Cómo se imparte la justicia? Con un buen juicio. Se requiere después del conocimiento de los hechos y después del análisis de las causas, un buen juicio, imparcial, con honestidad, con amor y con ansia de mejorar. Los juicios donde imperan la venganza y el odio no tienen como finalidad la justicia ni la corrección,  esas acciones fallaron en los pasos anteriores y deben de ser revisados de nuevo y deben ser llevadas hasta el paso en donde fallaron.

Si no se conoce un hecho, entonces no tenemos conocimiento de los hechos y no podemos juzgar, podemos actuar, pero sin saber, estamos en el caos y en estos casos son los peores para los jueces y es ahí donde decimos: ¡para que me metí en esto!

Para beneficio nuestro, no tenemos que juzgar todos los actos, solo los que nos conciernen. No nos invitan a ser jueces de otros actos que nos nos incumben, el vecino lidea con sus problemas y nosotros con los nuestros. Tenemos jueces profesionales que entienden de justicia y de leyes para corregir a los malos ciudadanos, pero nosotros tenemos opinión y sabemos de justicia y de leyes y podemos también tomar partido ante situaciones que suceden en nuestra sociedad. ¿Cómo no juzgar al depravado sexual que castiga nuestro vecindario? ¿Cómo no juzgar las malas acciones tomadas por nuestro presidente ante un hecho que afecta a nuestro estado? ¿Cómo no impartir justicia cuando los hijos se pelean o cuando se sacan malas calificaciones? ¿Cómo no juzgarnos cuando la conciencia nos oprime el corazón y nos indica una deficiencia nuestra?

Si, hay que juzgar, hay que impartir después esa justicia con comprensión con cariño y perdonar cuando la acción cometida por el culpable me afectó a mí. ¿A quien hay que perdonar si no sabemos juzgar y señalar al culpable? ¿A quien hay que comprender si no se emite un juicio y se encuentra a un culpable? Sin acciones no hay juicio, sin juicio no hay culpable, sin culpable no hay perdón y sin errores no hay comprensión.

Las acciones diarias requieren de análisis y de juicio, este juicio enruta nuestra vida por la senda del bien y del mal dependiendo de nuestro análisis y nuestro juicio, por eso es que hay que juzgar y saber juzgar bien ejercitándolo siempre, ante cada acción y ante cada caso. ¡El único que no se equivoca es el que no actúa, el que no juzga, aquel que no se mueve, que no hace nada … que está muerto!


Sobre el Sermón de la Montaña

Re-leyendo el Sermón de la Montaña, me acordé de este artículo y le hice este agregado . Reproduzco aquí a Mateo 7:1.

1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

En estos versículos nos dice que no juzguemos para evitar que seamos juzgados. Este para mi es solo una advertencia de que tengamos en cuenta de que cualquier está expuesto a ser juzgado y más si uno juzga. Los jueces deben de ser personas moralmente buenas para que puedan juzgar. Por otro lado nos dice que no nos metamos en lo que no nos importa. Ahora bien, si esto es algo que te concierne pues debes estar seguro de que tu predicas con el ejemplo. Lógicamente la reacción de humildad ante la persona de Jesús es lo que impera y nos hace mas vulnerables a esta arenga.

¿O Tu que opinas?

2 Responses so far.

  1. Roberto Hernandez dice:

    Yo pienso que este articulo debe de sensibilizarnos mucho y entender que por falta de sentido común y carácter , muchas veces hemos dejado a un lado el juicio de los hecho y ahora muchos están confundidos y hemos perdido la linea del bien y el mal, con el diseque “respeto”. Animo debemos ser firmes y claros cuando nos referimos a mantener los valores universales en alto.

  2. ROC dice:

    Como bien se señala en el comentario, juzgar debe ser una actividad basada en hechos objetivos y valorar esos actos, no a la persona que los realiza, sin embargo es casi imposible ser objetivo en la valoración de un acto sin atender a nuestros prejuicios y vivencias que nos hacen ser laxos o estrictos, sobredimensionando o justificando el mismo dependiendo de nuestra experiencia, valores, cultura o educación, sin embargo existen normas que regulan la conducta que pueden ser de carácter moral y por lo tanto individual o sociales y jurídicas que son de carácter más colectivo, que resultan en el último de los casos de carácter general y obligatorio, tendientes a una sana convivencia en comunidad, sancionando incluso las conductas que atentan contra esa adecuada interacción social, sin embargo, quien tiene capacidad para juzgar formalmente no debe hacerlo desde su óptica particular, sino desde la del legislador, lo anterior procurando acotar la subjetividad en beneficio de criterios más objetivos y por personas capacitadas ex profeso para ello.
    Es por esto, que cada uno debe procurar juzgar los actos que realiza en lo particular, acatando a su conciencia, y solo juzgar los ajenos cuando afectan a la colectividad o a su persona, con la debida consideración y comprensión ante las circunstancias que motivaron las conductas que se valoran.

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