Ingeniería es soberanía y los países que así lo entienden, son más desarrollados y claro, más soberanos.

Pero….México no es de esos países. Nuestro país ha tenido como estrategia exportar sus recursos naturales y su mano de obra, descartando la economía del conocimiento.

Hemos sido importantes exportadores de petróleo crudo, de metales preciosos y otros productos de nuestra tierra, que después compramos ya procesados o convertidos en maquinaria de diversa índole. Hoy, por ejemplo, pagamos más por los gasolíferos que importamos que lo que nos pagan por el crudo que exportamos. Pagamos así, el valor agregado que implica refinar el crudo y con ello las inversiones para hacerlo y los salarios los trabajadores en los países de donde provienen esos gasolíferos.

¿Qué haría nuestro país si, por ejemplo, los Estados Unidos decidieran no vendernos gasolina, diesel o jet fuel? Tendría que buscarlo de otras fuentes y muy probablemente a mayor costo.

México es el principal exportador de televisores de pantalla plana en el mundo. Es también el séptimo en la exportación de automóviles. Los productos de manufactura mexicana son de muy buena calidad, reconocida mundialmente. Pero estos productos que se fabrican en México son diseñados en otros países. También son diseñadas en otros países, las plantas manufactureras y la maquinaria que se utiliza.

¿Qué pasaría si nuevos diseños de automóviles o televisores o maquinaria de producción redujera la ventaja de costos de México con respecto a otros países? Muchas inversiones de manufactura saldrían de México, desempleando a miles de trabajadores.

Como se puede apreciar, México está en una posición muy vulnerable, porque las decisiones tecnológico-económicas de otros países pueden causar una situación catastrófica en el nuestro. Igual o mayor quizás que una guerra de invasión. Con facilidad podemos ser invadidos virtualmente. Y eso, es pérdida de soberanía.

¿Estamos muy lejos de que algo así pudiera ocurrir?

Ahí tenemos los inicios de una guerra comercial que, de continuar, tendrá efectos importantes en todo el mundo y México no sería la excepción.

Pero no veamos sólo estos aspectos que son, quizás coyunturales. Consideremos otros aspectos, como el desarrollo tecnológico. La consultora Oxford Insights sitúa a México en el lugar 22 de 35 países en el Índice de preparación para la Inteligencia Artificial y predice que la automatización de los procesos de manufactura y construcción afectará a casi el 20% de la fuerza laboral de nuestro país en las siguientes dos décadas.

¿Qué consecuencias sociales y económicas tendrá tal situación?

Nuevamente, somos vulnerables ante las consecuencias del desarrollo tecnológico al que hemos renunciado por décadas.

¿Qué deberíamos hacer para recuperar nuestra soberanía? Bueno, parte de lo que deberíamos hacer es usar, fortalecer y desarrollar nuestra ingeniería. Porque: Ingeniería es soberanía.

Y en esto, me gustaría tomar como ejemplo a la República Popular China.

La República Popular China tiene una estrategia muy distinta a la mexicana. Ellos también fabrican automóviles, es más, son el primer productor mundial. Pero no se limitan a armar los automóviles que se diseñan en otros países, sino que tienen al menos cinco marcas de automóviles propias.

Son el país con mayor reserva y producción de los metales denominados tierras raras. Éstas son escenciales para las pantallas de nuestro teléfonos y monitores, para los LED’s más eficientes, para turbinas, trenes de levitación magnética y baterías. Sin embargo, la estrategia de China no es exportarlas, sino usarlas en su propio territorio. Quien desee usarlas, debe ir a China a fabricar sus componentes.

Según la revista Science, China piensa invertir 2,000 millones de dólares en un parque tecnológico dedicado a inteligencia artificial, área que está desarrollando activamente y que espera que para 2030 genere del orden de 150 mil millones de dólares anuales.

Hasta 2016, ocho de los nueve miembros del Comité Central del Partido Comunista, que es la cabeza del gobierno en la República Popular China, eran ingenieros y científicos (el nuevo comité sigue teniendo una importante presencia de ingenieros y científicos, pero ya no tan abrumadora), mientras en México, la presencia de ingenieros en las posiciones más importantes del gobierno es casi inexistente. Entiendo que es posible que sea una mera casualidad que esto coincida con la diferencia del crecimiento económico y de competitividad de ambos países, pero no lo creo.

Por el contrario, creo que en México falta mucho mayor conciencia, mayor apreciación de la importancia de la ingeniería y mucho mayor participación de los ingenieros en la dirección de nuestro país.

Esto no es una novedad.

Pongamos una muestra: el CONACYT fue creado en buena medida gracias a la visión y gestión del Ing. Eugenio Méndez Docurro, quien fue su primer director, a la vez que secretario de estado.

La Academia de Ingeniería hizo dos estudios sobre el estado del arte de la ingeniería, uno que se publicó en 1993 y el segundo, que se publicó en 2013. Ambos estudios, a 20 años de distancia, concluyen que hace falta una mayor presencia de la ingeniería en la definición de las prioridades nacionales y las políticas públicas. A esto, considero que debe agregarse la necesidad de reconocer el valor de la ingeniería y el costo de la falta de ingeniería, como queda evidente con demasiada frecuencia en las obras públicas.

Yo creo que es muy amplia la coincidencia sobre estas conclusiones, al menos en el gremio de los ingenieros. Sin embargo, esta presencia, participación, conciencia y reconocimiento que queremos de la ingeniería, no nos va a ser concedida, sino que es algo que los ingenieros debemos obtener y mantener.

La posición adecuada para impulsar un movimiento hacia desarrollar una conciencia clara, en todos los sectores: público, privado y académico, de la importancia de la ingeniería es;

• Hacer más y mejor ingeniería en los proyectos de infraestructura,

• Incluir ingenieros destacados en posiciones de toma de decisiones del gobierno, en todos sus niveles;

• Usar mucho más ingeniería mexicana y mucho menos extranjera;

• Fortalecer nuestra ingeniería y entender, asimilar y aprovechar que ingeniería es soberanía.

Si estamos convencidos de que México necesita mayor presencia de la ingeniería y que ésta debe ser altamente competitiva a nivel global. Invitemos a los jóvenes a que estudien INGENIERIA

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